domingo, 9 de abril de 2023

Cuando la familia a la que pertenezco me declaró la guerra: odio femenino.

Dicen que las mujeres son seres de luz...nada más alejado de la realidad (al menos con aquellas que pertenecen al círculo familiar inmediato).

Miren que vivir eternamente bajo la guerra de los sexos, es cansado. Más allá de tratar de buscar explicaciones, me centraré en los hechos: me odian, me ven como el enemigo, el apestado, la oveja negra, aquél que incluso pretenden utilizar como chivo expiatorio y hasta conejillo de indias, si es posible. Definitivamente, cuando las mujeres quieren hacer daño, lo hacen.

La respuesta a este odio de nacimiento que se me adjudicó, la tienen aquellos seres que me dieron la vida y ellos como generadores del mismo, nunca hicieron algo al respecto para contrarrestarlo.

Aquí también reina la ignorancia y la negativa por buscar apoyo psicológico de su parte, siendo personas con actitudes sumamente cuestionables hacia la propia familia, a quién no dudan mostrar su sentir, con sus indirectas, en especial a mi persona.

Ahora todo queda más claro, porqué la familia embona perfectamente en la definición de tóxica (como dice la moda), más bien yo diría que, por lo menos, es disfuncional, aunque la palabra correcta es: enferma.

Nuevamente insisto en la ignorancia, que lleva a las personas a realizar actos ridículos. Pero bien dicen, que si alguien vive de cierto modo es por dos razones: porque quiere o de plano se resignó y aceptó permanecer así. En el caso de mis hermanas, quiero brindar el beneficio de la duda y elegir la segunda opción, aunque sus acciones me llevan a pensar que la primera las define mejor.

Aquí el problema empeora cuando la violencia se hace presente: nuevamente, la maldita ignorancia es la que la motiva y se llega a transmitir de generación en generación, hacia los hijos, a quienes no les quedó de otra que creer ciegamente en lo que se les inculcó.

Es triste darme cuenta de que ese tipo de mujeres son mis dos hermanas, que hay falta de apoyo, de empatía, de todo...desde siempre ha sido así. Aún recuerdo aquellos días en los que cuestionaba mi soledad, que no había unión (y por lo que se ve, no la habrá) entre nosotros, ellas por su lado, en sus desmadres y yo, en silencio, pasándola mal, es como si yo tuviera prohibido tener sentimientos (¡qué locura, ni que yo fuera una máquina!). Eso es algo que ellas no quieren ver, piensan imaginariamente que mi vida ha sido pura miel sobre hojuelas y ni siquiera se han tomado la molestia de interesarse en lo que me sucede: no preguntan, se imaginan cosas y se inventan sus propias respuestas, ante el profundo desinterés, que lleva al autoengaño.

Esto que he vivido el día de hoy, me da más respuestas del porqué me pasan algunas cosas en específico. Siento lástima por ellas, por todas las heridas que llevan cargando en su corazón y que se negaron a soltar. Les agradezco por ello, me han dado una gran lección de vida.

Cuando las cosas de la vida se terminan. Cerrando ciclos.

Estos últimos días han sido duros para mí, en el sentido concreto de concluir algunas actividades que ya no pueden continuar.  El viernes pa...